Quisiera poder decir que comencé escribiendo porque me nació, porque creí que había llegado finalmente el momento de mostrarle al mundo lo que tengo para contar, porque dejé a un lado mis miedos a lo que fueran a pensar y tomé el riesgo de intentar colocar en palabras lo que siempre he considerado como algo imposible de hacer, intentar describir lo que mi corazón siente y lo que mi desordenada mente intenta pensar. Sin embargo, no fue así. Decidí escribir porque en el fondo tengo la esperanza de ser comprendida, de lograr que alguien distinto a mi sienta al leer mis palabras que aquí, en este pequeño espacio, nadie juzga, nadie quiere cambiar a nadie, nadie es normal y nadie es diferente.
Como he escuchado varias veces, aunque en este instante no recuerdo bien quiénes han sido los que me lo han dicho, para poder escribir bien, uno debe hablar acerca de lo que sabe. A mi corta edad no creo saber mucho, a decir verdad pienso que en cualquier momento puedo llegar a cambiar de opinión y de forma de pensar y, por esto, considero que son muy pocas las cosas sobre las que tengo certeza. A pesar de lo dicho, y aunque pueda contradecirme en un futuro, si de algo estoy segura y si algo sé con todas mis fuerzas es que la vida, mi vida, me ha enseñado que estoy aquí por una razón y que existo porque creo fielmente que tengo un destino al que llegar y por el cual vivir. No quiero que piensen que soy egocéntrica, que hablaré sobre mi todo el tiempo, pues considero que no soy y jamás seré, por muy exitosa que sea, lo suficientemente importante como para acaparar tanto espacio, simplemente quiero expresarme para que los que lleguen a leer y los que no se aburran de hacerlo, logren relacionarse, identificarse con lo que diré y, tal vez, lleguen a sentirse comprendidos y dejar de sentirse solos.
Hoy, 20 de Febrero del 2013, un día después del cumpleaños de la mujer que me dio la vida y, porqué no decirlo, gran parte de mi personalidad, comienza mi relato. Espero que lo disfruten. Sin embargo, están también en todo su derecho a odiarlo o burlarlo, cualquiera que sea su posición, y, por supuesto, a cerrarlo.
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