viernes, 22 de febrero de 2013
Tú...
Me levanté con ganas de hablar de ti. Sí, de ti. No te conozco y, a decir verdad, creo que no llegaré a conocerte en la vida. Sin embargo, por alguna extraña razón, tengo ansias de saber quién eres, qué piensas y qué es exactamente lo que te hace vibrar. Tú, que en este instante estás leyendo mis palabras y que tu curiosidad te está pidiendo a gritos seguir haciéndolo, eres diferente a lo que demuestras ser. ¿Crees que no puedo leerte, que para mi es imposible no saber que te escondes bajo mil capas de banalidades, solo porque no sé tu nombre? Probablemente no tengas la más mínima idea que respiras y que, por ende, vives, pero que realmente estás muerto por dentro, sin ninguna expectativa y con todo el miedo del mundo a quitarte las máscaras. Yo sé exactamente lo que se siente que pasen los días y no vivir ninguno de ellos como si fuera el último. Lo sé porque aún me pasa. Lo sé porque no sé cuando es que no será así. Estoy segura que te da tanto pavor aceptártelo que justo en este momento, en este preciso segundo, quieres decirme que estoy equivocada, pues, para ti, alcanzar la felicidad es mucho más simple. Quieres decirme que estoy loca y que analizo demasiado las cosas, que la vida es así, que no espere más de lo que debo esperar. Sin embargo, aunque me lo digas mirándome fijamente a los ojos, tengo certeza que lo que tienes es miedo a realizar que hay una parte de lo que digo con la que te identificas. Crees fielmente que colocando tus sentimientos y pensamientos debajo de una alfombra tus problemas y tu insatisfacción por la vida que estás "viviendo" se irán. No pierdas más tiempo preocupándote por estupideces y empieza este nuevo día con una nueva actitud: ser tu mismo, sea lo que sea que eso signifique. Puede que alertarás a la gente por tu cambio, que dirán que has perdido la cabeza y que ya nadie te reconoce. ¿Qué importa? Cierra tus ojos, tápate los oídos y enciende tu mente. No te preocupes por no encajar. Tengo la más absoluta certeza que si hablan de tu nuevo tú es porque en el fondo también mueren por despertar. Despídete de una vez de tu disfraz, ya está desgastado de tanto ser utilizado y sé exactamente lo que siempre has sabido que eres. Y justo en ese instante, creo que querré darlo todo por conocerte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario